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La situación actual del diseño en México

Texto por: Ricardo Pedraza

Síguelo en Twitter: @duckgarou

Aún cuando el diseño gráfico no es un bien social, el papel que ocupa en esta es de suma importancia. Lo queramos o no, estamos influenciados por el constante flujo de mensajes producidos con la finalidad de crear adherencia de parte de nosotros como consumidores hacia las marcas como representantes de la ideología, convicciones y creencias de entidades tanto empresariales como de carácter social. Anteriormente el diseño gráfico en México era solamente glorificado y considerado de suma importancia en instituciones que impartían la asignatura, en grandes compañías o en asociaciones de especialistas dedicados al diseño, creando productos de diseño solamente para empresas grandes o como modo de autocomplacencia por parte de los diseñadores, ya que se creía que el diseño era una especie de lujo, algo que en realidad no era esencial para el desarrollo de los negocios propios.

Poco a poco esta percepción fue cambiando, gracias en gran parte a la incursión de compañías extranjeras en el mercado mexicano y a la creciente necesidad de tener negocios propios como resultado de la falta de empleos. Al haber una mayor cantidad de PyMEs se empezó a ver la necesidad de una diferenciación entre ellas para poder aumentar la competitividad, resultando en el redescubrimiento de algo que grandes compañías sabían, pero las pequeñas ignoraban: el diseño es primordial para una adecuada diferenciación de los productos y servicios. La diferenciación actúa en el sentido de que usando el diseño gráfico como herramienta de persuasión, se puede convencer a los clientes potenciales de que cada negocio tiene características e ideologías concretas que se adecúan a un tipo de cliente en particular y tratando de mostrar cual negocio va mejor con cada tipo de persona. Al hacer esto, cada negocio crea una identidad propia que va de acuerdo con los ideales que buscan alcanzar y proyectar hacia los posibles consumidores resultando en una adherencia por parte del consumidor, haciéndolo sentir como parte de la empresa, en vez de un ente aislado de ella.

El diseño gráfico tuvo un resurgimiento en el colectivo de la mente, viéndose como la solución a los problemas de identidad, ideología y adherencia por parte de los consumidores hacia la marca. La importancia del diseño como agente de convencimiento pudo verse en las campañas electorales del 2006, en donde se notó más que nunca la participación del diseño gráfico jugando un papel primordial en la comunicación de propaganda política. En sexenios anteriores, la imagen de las campañas contaban con poco apoyo visual, centrándose las campañas en el mensaje que querían transmitir, en vez de tratar de convencer de que el mensaje que querían transmitir es el correcto. Este error no fue repetido en la campaña electoral del 2006, ya que se puso gran énfasis tanto en el mensaje que se quería transmitir como en el modo en que fue transmitido, encontrando que no importa tanto el mensaje, sino el modo en que se presenta.

 

Aun cuando México va progresando en ese aspecto, todavía nos encontramos con una gran confusión, en la que el papel de lo producido es mayor que el papel de las bases conceptuales que lo constituyen. Así, encontramos que muchas veces el diseño gráfico se confunde con los soportes materiales que usa, dándole mayor importancia a los últimos. Esto lo podemos ver claramente en las imprentas, donde muchas veces se ofrece que con la impresión de los soportes materiales se regala la labor de “diseño”. El problema de estos “diseños” es que al no contar con bases conceptuales, falla en su labor de persuasión. Esto ocasionará problemas a largo plazo, que a su vez servirán para reconsiderar donde se ubica la raíz del problema y servirá para revalidar la labro conceptual del diseño, ayudando a crear una cultura en donde se valore la labor conceptual y de persuasión como un bien inherente del diseño.

 

Texto por: Ricardo Pedraza
Síguelo en Twitter: @duckgarou